lunes, agosto 03, 2009

Estabilidad y calidad de enseñanza


Cuando, en el mes de septiembre, se inicie el nuevo curso escolar, una enorme cantidad de alumnos de colegios e institutos se encontrarán en las aulas con profesores distintos a los que tenían, nuevos en esa plaza. Nada menos que 21.000 de los 64.000 maestros y profesores de la escuela pública catalana cambiarán de puesto de trabajo, con lo que ello significa de falta de continuidad y de cohesión en los equipos educativos, lo que, a la postre, repercute en la calidad de la enseñanza.¿Por qué ocurre esto? ¿A qué se debe tanto trasiego? En principio, a una razón comprensible. Los profesores que tienen dos años de antigüedad pueden presentarse cada dos años a los concursos de traslado para obtener una plaza más cercana a sus domicilios. Nada hay que objetar a que un maestro aspire a trabajar lo más cerca posible de donde vive, pero el trastorno que el número de traslados significa para el sistema educativo debería obligar a buscar alguna solución que compatibilice las necesidades personales y la estabilidad colectiva.Además de los concursos de traslado, otro de los motivos de los cambios de plaza son las comisiones de servicio mediante las que un profesor conserva su plaza en propiedad, aunque trabaje temporalmente en otro centro en tareas de dirección. Pues bien, la nueva ley de educación de Catalunya (LEC) ya prevé que a los dos años de comisión de servicio ese profesor pierda la plaza, teniendo derecho, eso sí, a obtener otra en la misma zona. Esta es una de las soluciones posibles, como también contribuirá a paliar el problema el pacto entre la Administración y los sindicatos para que los maestros y profesores interinos permanezcan al menos dos años en la misma plaza, con el objetivo de asegurar la estabilidad en el cuadro de enseñantes.Sin embargo, los concursos de traslado de funcionarios dependen de la legislación estatal, que fija las convocatorias cada dos años. En este aspecto, sería conveniente una reforma legal para espaciar más los concursos (cinco años podría ser un plazo razonable). Para ello, habría que contar con una mayor flexibilidad de los sindicatos, con los que sería necesario pactar esa modificación.Porque está claro que la estabilidad del sistema educativo y la calidad de la enseñanza no pueden depender de que un tercio del total de los maestros y profesores cambien el lugar de su puesto de trabajo, como va a suceder en la próxima rentrée.

Vía: Sección Opinión en el Periódico de Cataluña

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