martes, agosto 01, 2006


El infierno en las oposiciones


Cuando una acaba la carrera piensa y cree, ingenuamente, que algún día, con estudio y esfuerzo, se presentará a las oposiciones de su especialidad y finalmente las aprobará. Asimismo, ingenuamente, cree que los procesos selectivos serán objetivos y tendrá las mismas posibilidades que cualquier otra persona realizando el mismo esfuerzo y estudio.Con el paso del tiempo, de aquella ingenuidad no queda nada, al comprobar que estudio y esfuerzo chocarán con la subjetividad manifiesta de, al menos, una parte decisiva del proceso selectivo.Se asiste, en una primera prueba, a una puesta en escena fantástica de sobres dentro de sobres, de códigos de barras y demás advertencias supuestamente objetivas que de poco servirán en la segunda y decisiva prueba, donde lo subjetivo y las relaciones serán lo básico: de entrada, habrá que interpretar subjetivamente, y en el mismo sentido y no otro del tribunal que te toque a suerte, los rasgos originales de la programación didáctica. Supuestamente esto hay que deducirlo del Anexo VIII de la Orden de 8 de marzo de 2006, por la que se convocan procesos selectivos para ingreso en los Cuerpos de Profesores de Enseñanza Secundaria (Boja de 21 de marzo de 2006). Los elementos que debe contener dicha programación, según este Anexo, de nada valen, solo la originalidad de la interpretación y la conexión con la sensibilidad, asimismo original, de ese tribunal examinador.En segundo lugar, dicha programación será valorada, y excluida o admitida, según criterio del tribunal, antes de hacer la segunda prueba, por lo que si ha sido excluida de antemano, el opositor estará allí una hora representando una farsa que previamente está sentenciada. En tercer lugar el opositor no tendrá derecho a saber la nota de dicha programación. En caso de que pregunte por ella, se le responderá con evasivas o diciendo que "ha sido valorada globalmente"; pero en ningún caso sabrá la nota.En cuarto lugar, el opositor tampoco tendrá derecho a saber los criterios de evaluación de esa segunda prueba, ni de los criterios de calificación (de la primera tampoco los sabe) y, por supuesto, tampoco a ninguna reclamación por escrito sobre la calificación de esa segunda prueba. Sólo tiene derecho a ser oído, como una concesión muy especial (cualquier alumno, desde primaria, tiene derecho a conocer los criterios de evaluación y calificación de las áreas o materias y respecto a ellos presentar, por escrito, las reclamaciones que estime oportunas).En quinto lugar, algunas originalidades premiadas han sido copiar programaciones y unidades didácticas y valorar genialidades relacionadas con el canto aplicado a las clases de lengua castellana y literatura.El sexto lugar quede a la interpretación u opinión de cada cual....Nada de esto es un supuesto sino la realidad vivida días atrás en el tribunal número 12 de Lengua castellana y literatura de Córdoba por la opositora número 1401582. Al fin sólo se es un número, la persona que está debajo de ese número, con su esfuerzo, sus muchos años de trabajo, sus derechos, sus sentimientos, sencillamente no existe. Ahí queda resumida la validez de todo este proceso "justo y objetivo". Esa es la Administración que legisla, secundada por la que gestiona y consentida por la sindicada.
Vía: Teófila López Caballero. Día de Córdoba
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1 comentario:

Santino dijo...

No entiendo muy bien qué es lo que criticas. Evidentemente no hay objetividad, pero lo contrario no es sinónimo de enchufismo. En el decreto no pone que haya que ser original, pero se sobreentiende que si el tribunal tiene que escuchar 30 programaciones se les quedan las que destaquen, es de lógica. El único inconveniente que veo es que se tiene más en cuenta a los que han sacado mejores notas en el primer examen, pero no hay que olvidar que los que examinan son seres humanos, y no máquinas. Mejor que criticar únicamente el proceso sería proponer alguna alternativa, ahora bien, este examen es absolutamente imprescindible, porque no se le puede dar a alguien una plaza de profesor sin haberlo visto hablar (¿¿¿o le daremos plaza a un mudo???). Tengo dos amigos que estuvieron en ese tribunal y no les fue mal (aprobaron con plaza), porque en una oposición no se aprueba con hacer las cosas bien, sólo aprueban los mejores, es decir, los originales.